Empecé a entrenar en Kiko Training por recomendación de una amiga, hace ahora año y medio, y fue debido al típico propósito de año nuevo: perder peso y remodelar mi cuerpo. Combiné las clases (al principio, dos días por semana) con una dieta bajo supervisión médica y los resultados no se hicieron esperar. También empecé a aficionarme muy pronto: las sesiones me pasaban volando y cada día era distinto, así que no había tiempo para el aburrimiento.

A los dos meses el cuerpo ya me pedía más y cambié de rutina de entrenamientos, de dos a tres sesiones semanales, y antes de que llegara el verano quise probar con la tarifa ilimitada, que te permite entrenar cuántas veces quieras. Yo, normalmente, son cuatro días los que acudo semanalmente.

Mis ganas por entrenar y mi adicción (en casa creen que estoy “enganchada”) al tipo de deporte que imparten en Kiko Training han ido en aumento en este tiempo, de forma paralela a mi progresión como practicante del entrenamiento funcional. Una progresión que notas día a día y según los objetivos que marcas tú mismo. Porque en Kiko Training, TÚ eres el centro del entrenamiento y SÓLO TÚ fijas los límites.

Sirva como muestra que yo al principio no me atrevía a saltar al cajón, ni siquiera el de menor altura (temía tropezar) y las subidas a la cuerda las realizaba con elevaciones desde el suelo y faltándome el aire. Ahora, en cambio, salto a cajón con hasta nueve peldaños y soy capaz de trepar por la cuerda hasta llegar a lo más alto.

Habrá a quien le parezca insignificante, pero para mí ha sido todo un logro y me ha permitido creer de nuevo en mí misma, dejando a un lado esos complejos que antes me hacían pronunciar una y otra vez aquello de ‘No puedo’.

He de puntualizar que yo no partía de cero a la hora de hacer deporte (a diferencia de otros compañeros que acuden a clase), ya que desde pequeña he practicado diversas modalidades (gimnasia y baloncesto, entre otras) y en los últimos años me había aficionado al running, participando en numerosas carreras populares y trails. Sin embargo, y pese a frenar esta práctica desde que entreno en Kiko Training (ahora salgo a correr muy poco) he notado una mejoría increíble en las carreras y en las últimas competiciones en las que he participado me he sentido con una fuerza increíble y todo gracias al entrenamiento funcional.

Para mí, la principal ventaja de Kiko Training es el ahorro de tiempo, ya que en apenas una hora completas un entrenamiento a pleno rendimiento, quemando más calorías que corriendo, por ejemplo, y logrando energía para todo el día, ya que en mi caso acudo a entrenar a primera hora de la mañana.

El ambiente, en mi opinión, es también algo fundamental de cara a encontrar la motivación necesaria a la hora de entrenar, y en Kiko Training el ambiente es inmejorable. A mí me gusta decir que es “muy de ir por casa”, porque tanto el equipo de entrenadores como las instalaciones, te hacen sentir como en familia. Además, las sesiones son muy dinámicas y con capacidad limitada, por lo que la atención es totalmente personalizada.

Pero lo mejor, sin duda, es la capacidad que tiene este tipo de entrenamiento de ponerte a prueba y de hacer frente a retos que nunca habías imaginado. Como decía, cuando empecé en Kiko Training estaba ya habituada a participar en carreras, aunque nunca con un espíritu competitivo, así que después de tanto tiempo practicando el mismo deporte y con una finalidad meramente física, tal vez echaba de menos esa necesidad de superación que el deporte muchas veces convierte en satisfacción, una vez has sido capaz de enfrentarte a un desafío.

Esta oportunidad llegó el pasado domingo, con mi primera participación en una SURVIVOR RACE. Para los que no conozcan el formato, se trata de una carrera de obstáculos con circuitos de unos 8 km diseñados para que puedas poner a prueba tus límites, aunque yo participé en una modalidad amateur que ni siquiera es competitiva. Más que una carrera, resulta una experiencia que, en mi caso, no olvidaré jamás.

La prueba se celebró en Calpe y más allá de mis sensaciones durante el duro recorrido –es un circuito diseñado para los más valientes, donde no faltan el trabajo, la superación personal y la diversión– la experiencia para mí no ha podido ser más positiva, puesto que ha sido la culminación de un proceso de evolución y mejoría constante, tanto física como mental, donde no importan tanto los resultados y la competición (mi compañera y yo tardamos más de dos horas en completar la carrera, cuando en una 10K solíamos invertir poco más de 50 minutos) como el haber sido capaz de asumir un reto como este, que como digo, era impensable hace unos meses. Hoy puedo gritar orgullosa: I’M A SURVIVOR.

Así que desde aquí os invito a dejar las excusas a un lado y a probar un tipo de entrenamiento que no solo os transformará físicamente, sino que cambiará vuestra forma de entender el deporte y os ayudará a sentiros fenomenal con vosotros mismos.